Cárcel y Cultura
6 de abril de 2017

Fugas de tinta

Fugas de tinta, una iniciativa para hacer de la literatura una herramienta de libertad y dignidad.

Por: Camila Blanco* - Monitora CIPC

El Ministerio de Cultura y el taller de Edición Rocca adelantan desde el 2008 una iniciativa para los reclusos colombianos, anualmente saca un compilado de poemas, cuentos o testimonios que realizan las personas privadas de la libertad, cuyo único escape es la literatura. Situación que no es diferente para muchas otras personas que no estamos en una institución carcelaria. La iniciativa consiste en otras palabras, en democratizar la literatura. (Lea: 5 de las obras universales más representativas escritas en prisión)

 

Aquí traemos un cuento de la última edición de este compilado cuyo lugar de origen es el Establecimiento Penitenciario de Arauca donde Nelson Pérez es el director del taller y la autora firma bajo el seudónimo de “La Chata”.

 

8 Y 8

Sol y Alirio se vieron por primera vez en la Y, donde se partían los caminos para las casas de cada uno. Ese día Alirio invitó a Sol a comer guayabitas sabaneras y, sin darse cuenta, los cogió la noche.

Sol se asustó y se puso a llorar jipiado. Alirio la tomó en sus brazos y le dijo: “no llores, mi linda niña, que yo te acompaño y no dejo que te castiguen. Yo te voy a querer toda la vida”, y la estrechó en su pecho. “No tengas miedo que el lunes te llevo a comer guama”.

Esta fue la primera vez que Alirio se enamoró. A Sol se la llevaron para otras tierras. Años después el destino los cruzó, ya ambos tenían 14 años y seguía ese inmenso amor en el que había una promesa que Sol nunca olvidó.

Alirio vio el brillo en sus ojos, y cogidos de la mano se fueron a buscar guamas. Otra vez la noche llegó, pero Sol no tuvo miedo. Esa noche ninguno llegó a su casa, tal vez por eso los volvieron a separar.

Diez años después la vida los volvió a reunir. Alirio estaba casado y Sol se sorprendió al saberlo. En ese momento, Alirio se percató que el amor de su vida no era con quien se había casado.

Sol se fue, no se casó, estudió y trabajó.

Pero la vida los volvió a juntar una década después. Solo se saludaron porque Alirio estaba con su hija. El corazón de Sol estaba lleno de cruces y dolor.

Las vueltas de la vida llevaron a Alirio a una prisión. Su esposa lo abandonó y Sol nuevamente apareció: ella también cayó prisionera por un error.

Ahora viven entre rejas, en la misma prisión, pero el amor Sigue, aún hoy, ese amor que jamás se marchitó.

La Chata (seudónimo)

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*Estudiante de cuarto año de Derecho de la Universidad Externado de Colombia, Monitora del Centro de Investigación en Política Criminal de la Universidad Externado de Colombia.