Propuestas presidenciales, paz y democracia

7 de mayo de 2018

Por: Ximena Sarmiento


Se acercan las elecciones presidenciales y poco nos hemos escuchado los votantes acerca del país que soñamos y en el que, votemos por quien votemos, debemos caber todos los colombianos. En efecto, las campañas electorales se caracterizan por ser periodos de tiempo –por cierto, muy limitados– en los que los aspirantes a los cargos de… View Article

Se acercan las elecciones presidenciales y poco nos hemos escuchado los votantes acerca del país que soñamos y en el que, votemos por quien votemos, debemos caber todos los colombianos. En efecto, las campañas electorales se caracterizan por ser periodos de tiempo –por cierto, muy limitados– en los que los aspirantes a los cargos de elección popular presentan sus propuestas y debaten entre ellos acerca de las principales problemáticas del país. Por su parte, los electores –en tiempos de redes sociales– controvierten las propuestas que no comparten y defienden a sus candidatos, casi siempre a través de mensajes cortos y precisos, que poco espacio dejan a la argumentación compleja y a la idea de país que se tiene.

Un ejemplo de los límites del debate democrático lo representan las propuestas de los candidatos presidenciales acerca del camino que ha de seguir la implementación del acuerdo de paz con la (ex) guerrilla de las FARC. Dichas propuestas se ocupan de un tema de gran importancia en términos democráticos y sin embargo el debate en torno a ellas no ha ocupado el lugar que merece, ni ha tenido la atención que requiere. Y no es la primera vez que un buen número de colombianos subestima el tema de la guerra y la paz. Para empezar, poco nos hemos dicho sobre lo que significó la guerra para todos nosotros, nada hemos escuchado acerca de los que se beneficiaron con ella, pocos puntos de vista –todos validos– hemos compartido sobre lo que es para nosotros ser víctima del conflicto armado, nada hemos dialogado acerca de los que condujeron la guerra. En consecuencia, también el acuerdo de paz fue poco conocido, comprendido y debatido.

Pues bien, ¿qué nos están proponiendo los candidatos presidenciales frente al acuerdo de paz y su puesta en marcha? Sin hacer referencia a aspiraciones retoricas que parecen inevitables en la contienda política, centrémonos en las propuestas concretas publicadas en las páginas oficiales de los cinco candidatos presidenciales que han ocupado los primeros lugares de las encuestas. Para empezar, uno de los candidatos no hace referencia explícita a la implementación del acuerdo de paz con las FARC, en su propuesta de política pública de justicia. Sin embargo, en su propuesta de defensa y seguridad nacional, propone cumplir los compromisos del Acuerdo Final en lo que respecta a la implementación del Fondo de Tierras, así como velar por la garantía de los derechos de los miembros de la fuerza pública que se sometan a la Jurisdicción Especial para la Paz.

De manera similar, otro candidato tampoco hace referencia explícita al acuerdo con las FARC pero se refiere a varios de sus contenidos en su propuesta de seguridad. Por ejemplo, propone impedir que los máximos responsables de crímenes de lesa humanidad aspiren a cargos de elección popular sin que hayan cumplido una pena efectiva y proporcional. Así como, elevar a categoría constitucional la prohibición, de un lado, del narcotráfico como delito político conexo y, de otro, de su amnistía.

Un tercer candidato presidencial se refiere a la consolidación de la paz y al fin de la impunidad de más de cincuenta años de violencia, de nuevo, sin sentar una posición clara frente al camino que ha de seguir la implementación del acuerdo de paz con las FARC. Sin embargo, promete a la sociedad colombiana el conocimiento de la verdad, y justicia efectiva y pronta contra los victimarios. También se refiere a las víctimas, a sus necesidades especiales, al restablecimiento pleno de sus derechos y a la propuesta de devolución de sus tierras, junto a la garantía de productividad y generación de ingresos.

Solo dos candidatos manifiestan claramente su apoyo al acuerdo de paz con las FARC. El primero de ellos habla de la importancia de poner en funcionamiento la Justicia Especial para la Paz como camino necesario para superar la violencia y el deseo de venganza. El segundo también apuesta al acuerdo de paz, ligándolo al dialogo, a la reconciliación y a la necesidad de forjar una cultura ciudadana donde las diferencias no nos conviertan en enemigos.

De cara a lo anterior y sabiendo que lo dicho hasta ahora sigue siendo poco frente a lo que podría ser un conocimiento profundo de las propuestas presidenciales sobre el acuerdo de paz con las FARC y su implementación, surge una pregunta: ¿cuáles de esas propuestas fortalecen la democracia? La respuesta compete a cada uno de nosotros e incluye la posibilidad de hablar y ser escuchados. La democracia no solo se verá reflejada en la libre elección que hagamos de nuestro candidato predilecto, sino también en la posibilidad de que quien resulte elegido le dé cabida en su gobierno a las aspiraciones de todos los colombianos, sin parcialismos, sin verdades reveladas y, sobretodo, fortaleciendo y reconstruyendo lo que la guerra debilitó y destruyo.

No olvidemos que uno de los peores impactos que ha tenido el conflicto armado interno es el daño que la guerra causó a la democracia y que fue resumido por el Centro Nacional de Memoria Histórica en términos de criminalización, persecución y represión:

Se reconocen como daños e impactos políticos aquellos causados por los esfuerzos premeditados de los actores armados, en muchos casos con el apoyo de las élites locales o regionales, para impedir, silenciar o exterminar prácticas, mecanismos, organizaciones, movimientos, partidos, liderazgos e idearios políticos calificados como opuestos y percibidos como peligrosos o contrarios a sus propósitos e intereses. Se trata de acciones que inhiben e impiden la participación ciudadana en las decisiones públicas, así como en la organización, deliberación y oposición política a través del uso de varios métodos de agresión. (2013, p. 281)


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