Se arriendan celdas

21 de marzo de 2017

Por: Angélica María Pardo López - Investigadora CIPC


Pese al gran progreso que evidentemente representa el cierre de múltiples centros de reclusión en los Países Bajos durante la última década, esta no ha sido una buena noticia para todos.

 

Por paradójico que parezca, hay algunos que están inconformes con que no hayan suficientes prisioneros para llenar las cárceles. Sin embargo, son muchas y de peso las razones del gobierno para tomar esta, a nuestros ojos, positiva decisión. (Lea: Abolición de la pena privativa de la libertad: una discusión inminente)

 

Por oposición a lo que sucede en casi todo el mundo, los Países Bajos tienen más del 30% de su capacidad carcelaria desocupada. Una tasa de encarcelamiento de 61 reclusos por cada 100.000 habitantes los convierte en una de las naciones menos prisionalizadoras del mundo, posicionándose en el puesto 184 entre 222 países, de acuerdo a World Prison Brief.

 

Las razones de esta excepcional noticia son un continuado descenso en los índices de criminalidad, bajas tasas de reincidencia asociadas a los benéficos efectos de programas de rehabilitación y reincorporación social, el uso de alternativas a la prisión como por ejemplo el trabajo comunitario y la vigilancia electrónica, la aplicación de medidas preventivas, la imposición de condenas cortas y el envejecimiento de la población.

 

Al día de hoy ya han sido cerrados 19 establecimientos carcelarios holandeses. El Ministro de Justicia afirma que es demasiado caro mantener cárceles que ya no se necesitan. En efecto, la razón económica es la misma que citan los detractores de la medida, pues son miles los empleos del sector penitenciario en ese país. Los principales enemigos del cierre de las cárceles en los Países Bajos son los sindicatos. Además, un sector de la política afirma que la escasez de presos se debe a la incompetencia de la policía. No obstante, las estadísticas demuestran que los holandeses se sienten bastante seguros en su país.

 

Frente a las presiones ejercidas por los sindicatos, el gobierno ha tomado diversas medidas encaminadas a conservar los empleos que provee el sector carcelario. Algunas de las cárceles se han convertido en lugares de asilo para los refugiados en los cuales el personal penitenciario puede continuar ocupándose. Por otro lado, una de las antiguas cárceles ha sido convertida en un hotel de lujo.

 

Otra medida menos progresista consiste en arrendar las celdas desocupadas a gobiernos de otros países que no tienen espacio en sus centros carcelarios para alojar a sus propios reclusos. Contratos de este tipo han tenido lugar entre los Países Bajos y Noruega y Bélgica. Los cálculos indican que son cerca de 250 los puestos de trabajo que se han salvado gracias a estos negocios internacionales.

 

Esta situación debe hacernos reflexionar sobre la macabra economía que la cárcel logra crear y arraigar en las sociedades. Cada vez que el sistema carcelario crece, se deben crear así mismo puestos de trabajo.  Se crean también otras múltiples relaciones económicas que resultan en que a muchos conviene que otros no gocen de su libertad. De hecho, los Países Bajos también han sufrido antes, debido a políticas desacertadas, el aumento de la población carcelaria. A principios del siglo XXI la tasa de encarcelamiento llegó a 125 internos por cada 100.000 habitantes gracias a que el gobierno decidió endurecer los controles de quienes llegaban al aeropuerto Schipol. Durante un tiempo, las cárceles se llenaron de insignificantes transportadores de narcóticos. Pocos años después, las prioridades fueron radicalmente cambiadas y se decidió enfocar los esfuerzos en combatir el tráfico de personas y el terrorismo. Sin embargo, la expansión carcelaria que hubo en ese momento muestra que una vez que se abre una cárcel, es difícil cerrarla. Hoy se arriendan las celdas para mantener los empleos de quienes las cuidan. Mejor: hoy se trafica con la libertad de algunos para mantener los empleos de otros. (Lea: La disminución de la criminalidad y el cierre de las cárceles en Holanda)

 

El sistema penitenciario holandés está atravesando una transformación tanto a nivel de infraestructura como de personal que avanza a pesar de los opositores. Ojalá otros países como Colombia siguieran su ejemplo para que algún día podamos decir que tenemos problemas similares.


Fuentes:

Prison Studies – World Prison Review-

Numbeo

Dutch News – 22 enero de 2015.-

Dutch News – 17 de octubre de 2016 –

Dutch News – 30 de marzo de 2016 –

The Telegraph – 22 de marzo de 2016-

The Washington Post – 8 de julio de 2016-


Imágen:

By Michael Coghlan from Adelaide, Australia (Prison Bars) [CC BY-SA 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons


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