Cárcel y Cultura
14 de diciembre de 2016

De Giordano Bruno para sus verdugos

La criminalización de la ciencia, de la cultura o de posturas ideológicas diversas, se configuró a través de la historia como la característica notable de épocas oscura

La prisión, a lo largo de los años, ha sido el instrumento del que se han valido los regímenes arbitrarios para proteger el status quo que los hace mantenerse en el poder. Es así como la criminalización de la ciencia, de la cultura o de posturas ideológicas diversas, se configuró a través de la historia como la característica notable de épocas oscuras para el conocimiento en la mayoría de civilizaciones.

 

De esta manera, en diversas ocasiones los líderes de movimientos de reforma política, cultural y científica fueron prisioneros, y desde las celdas escribieron sus alegatos y sus defensas; se trataba de discursos contundentes que apuntaban a disolver las acusaciones que contra ellos se adelantaban.

 

Giordano Bruno fue un científico, astrónomo y físico que vivió en Italia en el en el siglo XVII. Fue uno de los primeros pensadores en apoyar la teoría heliocéntrica de Copérnico, además de ser el padre de la teoría del universo infinito que dice que el universo está compuesto de galaxias y de sistemas solares infinitos.

 

Bruno fue encarcelado por la inquisición al desafiar la teoría creacionista de la iglesia católica y al igual que Galileo fue censurado y perseguido por darle luces a un mundo ciego por el teocentrismo represivo de la edad media. A continuación presentamos su poema “A mis verdugos”:

 

Decid, ¿cuál es mi crimen? ¿Lo sospecháis siquiera?

y me acusáis, ¡sabiendo que nunca delinquí!

quemádme, que mañana, donde encendáis la hoguera,

levantará la historia una estatua para mí.

 

Yo sé que me condena vuestra demencia suma,

¿Por qué?…Porque las luces busqué de la verdad,

no en vuestra falsa ciencia que el pensamiento abruma

con dogmas y con mitos robados a otra edad,

sino en el libro eterno del Universo mundo,

que encierra entre sus folios de inmensa duración

los gérmenes benditos de un porvenir fecundo,

basado en la justicia, fundado en la razón.

 

Y bien, sabéis que el hombre, si busca en su conciencia,

la causa de las causas, el último por qué

ha de trocar muy pronto, la Biblia por la ciencia,

los templos por la escuela, la razón por la fé.

 

Yo sé que esto os asusta, como os asusta todo

todo lo grande , y quisierais poderme desmentir.

Más aún, vuestras conciencias, hundidas en el lodo

de un servilismo que hace de lástima gemir…

 

Aún allá, en el fondo, bien saben que la idea,

es intangible, eterna, divina, inmaterial…

que no es ella el Dios y la religión vuestra

sino la que forma con sus cambios, la historia universal.

Que es ella la que saca la vida del osario

la que convierte al hombre, de polvo, en creador,

la que escribió con sangre la escena del calvario,

después de haber escrito con luz, la de Tabor.

 

Mas sois siempre los mismos, los viejos fariseos,

los que oran y se postran donde los puedan ver,

fingiendo fe, sois falsos llamando a Dios, ateos

¡chacales que un cadáver buscáis para roer!…

 

¿Cúal es vuestra doctrina? Tejido de patrañas,

vuestra ortodoxia, embuste; vuestro patriarca, un rey;

leyenda vuestra historia, fantástica y extraña,

vuestra razón la fuerza; y el oro vuestra ley.

 

Tenéis todos los vicios que antaño los gentiles,

tenéis las bacanales, su pérfida maldad;

como ellos sois farsantes, hipócritas y viles,

queréis, como quisieron, matar a la verdad;

 

Mas…¡Vano vuestro empeño!…Si en esto vence alguno;

soy yo porque la historia dirá en lo porvenir;

“Respeto a los que mueren como muriera Bruno”

y en cambio vuestros nombres…¿Quién los podrá decir?

 

¡Ah!…Prefiero mil veces mi muerte a vuestra suerte;

morir como yo muero…no es una muerte ¡no!

Morir así es la vida; vuestro vivir, la muerte

por eso habrá quien triunfe, y no es Roma ¡Soy Yo!

 

Decid a vuestro Papa, vuestro señor y dueño,

decidle que a la muerte me entrego como un sueño,

porque es la muerte un sueño, que nos conduce a Dios…

Mas no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones

que al hombre da la vida y al par su maldición,

sino a ese Dios-Idea, que en mil evoluciones

da a la materia forma, y vida a la creación.

 

No al Dios de las batallas, sí al Dios del pensamiento,

al Dios de la conciencia, al Dios que vive en mí,

al Dios que anima el fuego, la luz, la tierra, el viento,

al Dios de las bondades, no al Dios de ira sin fin.

 

Decidle que diez años, con fiebre, con delirio,

con hambre, no pudieron mi voluntad quebrar,

que niegue Pedro al Maestro Jesús, que a mí ante el martirio,

de la verdad que sepa , no me haréis apostatar.

 

¡Mas basta!…¡Yo os aguardo! Dad fin a vuestra obra,

¡Cobardes! ¿Qué os detiene?…¿Teméis al porvenir?

¡Ah!…Tembláis…Es porque os falta la fe que a mí me sobra…

Miradme…Yo no tiemblo…¡Y soy quien va a morir!…